Sarah
Rob se me acerca justo en el momento en que voy saliendo del garaje a la oficina para conversar y por un segundo siento un fastidio que en otras ocasiones no tendría remilgo en disimular pero que se me diluye instantáneamente al reconocerlo como el buen hombre que es y las circunstancias que creo me va a comentar .
--Había tanta gente en las calles…a toda hora, noche o día….Me dijeron que no saliera a caminar, porque era peligroso…me espetó sin alcanzarle a preguntar qué le había parecido Addis Abbeba, en Etiopía.
--No habían buses, no habían autos, no habían bicicletas, solo caminantes y sabes? todos eran delgados y se veían en buen estado físico…
--Todos muy amables….es una pena, tanta buena gente….Así son los días y las noches en Africa, multitudes que caminan sin destino aparente, como viviendo en una trampa del tiempo, en otro siglo, en una vida que en las sociedades opulentas del siglo XXI solo parece relegada a los libros de exploradores, a los documentales de Frontline en PBS.
En Lubumbashi, Bamako, Ouagadougu, Essakane o en los barios de Johannesburg las pocas luces que iluminan los espacios públicos son los elocuentes signos de carestía y pobreza. El olor pungente de la leña con que se alimentan las cocinas caseras que hierven la kasaba e inundan la ciudad de modo inconfundible, me recuerdan que la pobreza es la misma en muchas partes y solo se diferencia en la escala y la profundidad con que esta reina en la vasta mayoría de las almas.
--Como está ella? Rob ha acompañado a su hija a buscar a su primera nieta, una pequeña etíope de meses abandonada en un orfanato en Addis Abbeba
--Hermosa…la pequeña Sarah es hermosa me dice y esboza una sonrisa. Todo ha resultado como esperábamos y ya está en casa con sus padres…Rob ha soñado lago tiempo con este momento, lo sé.
Para Rob ha sido su primer viaje a Africa y ha sido como viajar a Marte. Hay un abismo de diferencia entre….yo no sé…me cuesta hablar de cosas que no entiendo…
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