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Mostrando las entradas de noviembre, 2004

Invisible

Invisble Hoy despedí a Omar Castillo, un joven ingeniero de cuya vida siempre supe poco y por lo mismo me sentí menos culpable. Mientras daba un furtivo paseo por el viejo, desorganizado y caótico centro de Lima, el antiguo virrreinato español, pensaba en lo exótico de la escena. Cientos de rostros desfilaban frente a mi como en una película china, con prisa y con la inabarcable suma de expresiones humanas dibujadas en ellos, rostros cuyas historias no conoceré y se sumergirán en las entrañas de la ciudad por sus calles y recovecos, en los Conos, apretados en los abigarrados callejones de las barriadas pobres de la inmensa Lima. De Omar seguramente nunca sabré mientras se convierte en otro de esos anónimos rostros del centro. Podré quizás jugar a construirle una vida, imaginarle una familia, imaginarme el rostro de su novia –tenía novia y ambos eran evangélicos y hacían votos de castidad hasta llegar al lecho nupcial- sin tener nunca prueba alguna de sus destinos. Yo también soy Omar y...

Para Jorge

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Para Jorge. Fotos del MidWest. El otro día cruzando las Rocky Mountains camino a Mesa Verde, un parque nacional en Colorado, me acordé de vos y me dije ”mismo, tenís que escribirle una carta a este wueón”. No se bien qué fue exactamente lo que me movió a hacerlo, quizás las largas e interminables horas de un paisaje tan similar a la cordillera de Los Andes o tal vez el giro estrafalario de una canción que a todo chancho iba escuchando mientras rumiaba recuerdos. Me preguntaba qué nuevo proyecto estabai urdiendo y si todo iba bien. Pero sobretodo pensaba que te habría gustado hacer este viajecito. De hecho siempre me acuerdo de vos cuando hago estas cosas, estos viajes, porque sé que entendís perfectamente el ángulo desde donde yo mismo aprecio las cosas y las tonalidades con que mi diapasón percibe los hechos de la vida. Bueno, decía que cruzaba las Rocky y me sentía de verdad en el Oeste, en esos paisajes de comercial de Marlboro, y me imaginaba los Arapahoe y los Cheyenne cabalgando ...

Cayenne (La Gira Mundial)

Cayenne. No conozco muchas formas de llegar a Cayenne desde Sincity. Bueno, volando me refiero. Una es en el vuelo directo de Air France desde París; buena opción pensarán pero un tanto extravagante y onerosa. La otra es a través de Miami sobrevolando las islitas antillanas, en el American Eagle que parte de San Juan. Se duerme en Fort de France en la Martinique, para conectar al día siguiente con el Air France que viene de Paris. Vuelo bonito; Martinique es una isla paradisíaca. En Fort de France conozco el Hotel Valmeniere, cuya impresionante piscina es un balcón al espacio en la terraza del último piso. La última forma de llegar a Cayenne es a través de Brasil, en el Suriname Airways que parte de Belem, la empobrecida ciudad nordestina de Pará. Este es un viaje estrafalario. Créanme: no es envidiable pasar 6 horas en el aeropuerto, en la madrugada, a la espera de la conexión después de volar todo el día desde Rio, o peor desde Sincity. Se queda uno anclado allí irremediablemen...

Tokio (La Gira Mundial)

Tokio, el sashimi Cómo transmitirles la sensación desosegada que me provoca el cielo en este atardecer primaveral, imponente, de Sincity? Mi mirada se topa con una pequeña caja con caracteres japoneses en su tapa. En su interior un diminuto abanico de papel que me regaló mi amigo Motohiko Nakagawa unos años atrás. Bajandome del Singapore Airlines en el añejo terminal 1 del aeropuerto de Narita en Tokio, pensaba en las pocas cosas que me acercaban a ese país y su cultura. Entre ellas las más poderosas eran el mismo Motohiko, un japonés viviente cuya extravagante filiación comunista era el plus non ultra de lo exótico que su semblante ya sugería en su paso por estas tierras. La otra referencia que atesoraba al llegar era mi adquirida pasión por el sashimi y el sushi. Había ya sucumbido al refinamiento de estos platos años atrás en un oscuro sucucho del centro de SinCity donde por primera vez en la vida probé el glorioso sashimi de salmón, lejos el más generoso nunca probado. Lo confieso,...

Una pintura

Una Pintura Una pintura del ascensor Polanco en la alfombra del living yace junto a otras que esperan ser ubicadas mientras maduramos los ambientes de nuestra nueva casa. el Concerto Italiano despacito enmarca la escena....un gato juega silencioso a la subida de la escala. La noche cae suavemente sobre Colorado, el retrogusto del Partagás Dominicano y del café han apagado las luces del tinto bebido en la cena. Se deduce una atmósfera serena en casa, los niños, ya no tan niños, se afanan cada uno en sus tareas y mi mujer me echa una mirada crepuscular de vez en cuando. No entiendo nada y a veces, por ínfimos instantes, me parece vislumbrar las claves de mi vida y el futuro como en un mapa del que, sin embargo solo alcanzo a retener un impronta levísima. Y aquí estamos, lejos, muy lejos del horroroso Chile y es extraño todo. Resulta alienante levantarse en la mañana interrumpiendo la onírica visión de dirigirse al baño de la casa en Santiago y abrir los ojos en la ducha del b...