Bendigo, la tierra de Oz

Bendigo, la tierra de Oz.
Son los ojos. Los ojos que desenmascaran la edad, un cierto brillo o una opacidad, una forma de mirar, la luz que naufraga en un abismo acuoso. Los ojos rodeados de sutiles pero reveladoras arrugas, los años delatados por un rictus de la boca, por la papada incipiente. Son los cuarentaitantos y ya nada se siente como ataño y tampoco se puede pretender. Hay un cierto hastío y una intolerancia contra lo que la voluntad no ha elegido o acomodado, el hombre es libre –se ha ganado el albedrío. O así quiere creer.
G’day Australia. En Australia, Downunder, Oztralia, esa lejana isla situada en los confines de Oceanía, la tierra de Oz, el vino es absolutamente una religión, la cerveza un culto y la forma de enfrentar la vida un relajo total. O asim gosta de acreditar.
Vengo de visitar Bendigo, una pequeña ciudad a unas 2 horas al NE de Melbourne, en Victoria. Mas que una ciudad, Bendigo es un pueblo encantador, con un esplendoroso pasado generado por el rush del oro allá por la segunda mitad del siglo XIX. Así lo atestiguan la biblioteca, el edificio de correos, el museo minero y otros dignos, afrancesados y elegantes edificios del centro de la ciudad. La versión australiana de la fiebre del oro, siguió a aquella célebre de California por 1850; en efecto toda una generación de mineros californianos, en realidad mercenarios de distinto origen, se vinieron a lavar los fabulosos depósitos aluviales del Sur australiano, los famosos Gold Fields. Los locales les conocieron por the fortyniners, los del cuarenta y nueve, una legión de hombres y mujeres rudos, de variada extracción social, conocedores del oficio minero, nómades atrapados por la fiebre y el sueño de enriquecerse. La toponimia en Bendigo está plagada de vestigios de su paso.

Cuando se fueron los mineros, el pueblo recuperó su naturaleza bucólica y agrícola. Pasaron dos guerras mundiales, en el paisaje se erigieron estatuas a los caídos en tierras extrañas, los brazos de Bendigo escamotearon, pero el vino subsistió. Los mejores Syrah de Victoria vienen del área de Bendigo: en efecto mas de 32 viñas, grandes y pequeños viñedos florecen hoy en este distrito.
Para el viajante es difícil conocer la abrumadora producción vinícola australiana; es tal la cantidad y la variedad de cepas, ensamblajes, años, estilos, añejamientos etc. que uno termina vagamente recordando con suerte un par de nombres, si ello es posible en la difusa nube que el alcohol instala en los sentidos. Con los años, y con cargo a mi empobrecido organismo, he aprendido a distinguir las regiones famosas donde se hacen ciertos buenos vinos que me placen, por ejemplo, en Western Australia está Margaret River, en South Australia Barossa Valley, en Victoria el Yarra Valley y Claire Valley. El problema es que cada estado tiene una producción que crece anualmente en cantidad y en etiquetas y es difícil estar al día. Además cada estado reclama para si la cuna de los mejores vinos, pero insisto: para el neófito será una tarea muy, muy difícil escoger. Lo mejor es irse de expedición con el pretexto de investigar científicamente y probar todo lo que la uno le pongan por delante.
El asunto se complica doblemente cuando uno se da cuenta que la cocina australiana se ha tornado muy sofisticada recientemente, consecuencia natural de la calidad de los productos naturales o que siendo importados han florecido gloriosamente.
Son los ojos. Los ojos que desenmascaran la edad, un cierto brillo o una opacidad, una forma de mirar, la luz que naufraga en un abismo acuoso. Los ojos rodeados de sutiles pero reveladoras arrugas, los años delatados por un rictus de la boca, por la papada incipiente. Son los cuarentaitantos y ya nada se siente como ataño y tampoco se puede pretender. Hay un cierto hastío y una intolerancia contra lo que la voluntad no ha elegido o acomodado, el hombre es libre –se ha ganado el albedrío. O así quiere creer.
G’day Australia. En Australia, Downunder, Oztralia, esa lejana isla situada en los confines de Oceanía, la tierra de Oz, el vino es absolutamente una religión, la cerveza un culto y la forma de enfrentar la vida un relajo total. O asim gosta de acreditar.
Vengo de visitar Bendigo, una pequeña ciudad a unas 2 horas al NE de Melbourne, en Victoria. Mas que una ciudad, Bendigo es un pueblo encantador, con un esplendoroso pasado generado por el rush del oro allá por la segunda mitad del siglo XIX. Así lo atestiguan la biblioteca, el edificio de correos, el museo minero y otros dignos, afrancesados y elegantes edificios del centro de la ciudad. La versión australiana de la fiebre del oro, siguió a aquella célebre de California por 1850; en efecto toda una generación de mineros californianos, en realidad mercenarios de distinto origen, se vinieron a lavar los fabulosos depósitos aluviales del Sur australiano, los famosos Gold Fields. Los locales les conocieron por the fortyniners, los del cuarenta y nueve, una legión de hombres y mujeres rudos, de variada extracción social, conocedores del oficio minero, nómades atrapados por la fiebre y el sueño de enriquecerse. La toponimia en Bendigo está plagada de vestigios de su paso.

Cuando se fueron los mineros, el pueblo recuperó su naturaleza bucólica y agrícola. Pasaron dos guerras mundiales, en el paisaje se erigieron estatuas a los caídos en tierras extrañas, los brazos de Bendigo escamotearon, pero el vino subsistió. Los mejores Syrah de Victoria vienen del área de Bendigo: en efecto mas de 32 viñas, grandes y pequeños viñedos florecen hoy en este distrito.
Para el viajante es difícil conocer la abrumadora producción vinícola australiana; es tal la cantidad y la variedad de cepas, ensamblajes, años, estilos, añejamientos etc. que uno termina vagamente recordando con suerte un par de nombres, si ello es posible en la difusa nube que el alcohol instala en los sentidos. Con los años, y con cargo a mi empobrecido organismo, he aprendido a distinguir las regiones famosas donde se hacen ciertos buenos vinos que me placen, por ejemplo, en Western Australia está Margaret River, en South Australia Barossa Valley, en Victoria el Yarra Valley y Claire Valley. El problema es que cada estado tiene una producción que crece anualmente en cantidad y en etiquetas y es difícil estar al día. Además cada estado reclama para si la cuna de los mejores vinos, pero insisto: para el neófito será una tarea muy, muy difícil escoger. Lo mejor es irse de expedición con el pretexto de investigar científicamente y probar todo lo que la uno le pongan por delante.
El asunto se complica doblemente cuando uno se da cuenta que la cocina australiana se ha tornado muy sofisticada recientemente, consecuencia natural de la calidad de los productos naturales o que siendo importados han florecido gloriosamente. Los productos lácteos son de óptima calidad, los quesos en calidad y variedad son sorprendentes, la variedad y excelencia de los productos de su extensa costas, incluyendo las ostras y el salmón de Tasmania, el famoso Barramundi, el atun, el red emperor, el snapper y una interminable lista de pescados del mar y de rio de distintas temperaturas. Las carnes, variadas y exquisitas partiendo por el cordero hasta las mas exóticas de canguro y emu, pasando por avestruces y otros pájaros de índole diversa.
De frutas y verduras ni hablar, la variedad es producto de la variedad climática. Hay que recordar que Australia se ubica mas o menos entre los paralelos 15 y 43 S, es decir, desde el clima tropical de Darwin y Townsville en el norte, hasta el templado frio de Tasmania por el Sur, incluyendo además el gran desierto australiano que reina en el centro del paìs.
A lo anterior se agrega el hecho que la inmigración europea y asiática ha por fin entrado en la cocina australiana y sobre la base de la rudimentaria cocina inglesa de papas y porridges ha desatado una fiesta de sabores y preparaciones infinitamente ricas. Es así como en Melbourne, se encuentra la Lygon street , la calle donde se encuentran los restaurantes italianos, Chinatown, el barrio asiático donde se funde la comida Thai, con la pekinesa, malaya, vietnamita e indonesia, el barrio griego, donde tambièn se encuentra comida del medio oriente y Southbank donde el gustador de la comida fina y los buenos restaurantes saldrá sorprendido.
Desde Southbank, en la ribera sur del famoso rio Yarra se puede uno maravillar contemplando el Central Business District (CBD) de Melbourne. Hay una luz en el Hemisferio Sur que hace que las cosas se vean distintas.
No he relatado aquí las bondades de Perth, Adelaide, Sydney, Hobart o Brisbane, todas capitales importantes y bellas, ni las maravillosas playas o los sobrecogedores paisajes que he podido disfrutar en este interminable viaje, pero baste decir que cuando me imagino el paraíso pienso en Australia.
A lo anterior se agrega el hecho que la inmigración europea y asiática ha por fin entrado en la cocina australiana y sobre la base de la rudimentaria cocina inglesa de papas y porridges ha desatado una fiesta de sabores y preparaciones infinitamente ricas. Es así como en Melbourne, se encuentra la Lygon street , la calle donde se encuentran los restaurantes italianos, Chinatown, el barrio asiático donde se funde la comida Thai, con la pekinesa, malaya, vietnamita e indonesia, el barrio griego, donde tambièn se encuentra comida del medio oriente y Southbank donde el gustador de la comida fina y los buenos restaurantes saldrá sorprendido.

Desde Southbank, en la ribera sur del famoso rio Yarra se puede uno maravillar contemplando el Central Business District (CBD) de Melbourne. Hay una luz en el Hemisferio Sur que hace que las cosas se vean distintas.
No he relatado aquí las bondades de Perth, Adelaide, Sydney, Hobart o Brisbane, todas capitales importantes y bellas, ni las maravillosas playas o los sobrecogedores paisajes que he podido disfrutar en este interminable viaje, pero baste decir que cuando me imagino el paraíso pienso en Australia.
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