Notas del desvario
En el hotel The Peninsula en Manila. Una noche de Sabado, en el lobby grandioso de unos remozados anos cincuenta, una banda de jazz toca melancolicas melodiias desde la majestuosa balaustrada que se asoma desde el "upper lobby". En el cielo una gran escultura de cobre simulando una estrella de mar despliega unos tentaculos caprichosamente torcidos sobre la manposteria que no puedo sino admirar.
Escribo lo que ya he escrito, solo que he olvidado lo que he escrito y vuelvo a repasar las mismas letras en hojas amarillentas como si estuviera bajo el influjo de un hechizo tautalogico que forzara mi mano dia tras dia, sin percatarme de la imagen en el espejo de un rostro que en nada me recuerda a mi.
Es que yo no tengo importancia alguna, me he desvanecido y pertenezco al otro, UNO que esta hecho de retazos de muchos yo desvanecidos como el mio, expulsados de un paraiso aparente y tridimensional.
Son las 5 de la manana y el sol revienta en la ventana de mi habitacion del hotel El Libertador de Puno, en Los Andes peruanos. La explosion de luz es tan vigorosa que se cuela a traves de las cortinas. Ni el pesado black out es capaz de contener tamana intrusion de la naturaliza y se me hace imposible continuar durmiendo. Me levanto, descubro las ventanas y se me revela el Lago TIticaca en toda su maravillosa extension.
Ya a esa hora pequenas lanchas maniobran en medio de la tupida totora buscando una ruta hacia el intrincado mar de islas donde viven los Uros.Por solo $10 se puede conseguir un paseo en lancha para turistas locales yo fungo como uno mas.
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