En las motañas de Talas, Kyrgyzstán II


Las divagaciones sobre aeropuertos y el caos mundial me desviaron del tema sobre el que pretendía escribir en primer lugar...las montañas de Kyrkyzstan. Esta es una foto de la cadena montañosa Tie Shan que separa Kyrgyzstan de Kazakhstan, en la región de Talas, a unos 300kms al Oeste de Bishkek, la capital. La similitud de estas montañas con Los Andes no me resultó indiferente y disfruté muchísimo con el silencio de los anchos valles y el sonido cristalino de los riachuelos que comenzaban a despertar del gélido letargo invernal. Pequeños villorios de agricultores de rostros inconfundiblemente asiáticos, son los únicos asentamientos humanos reconocibles en este lejano lugar del corazón de Asia. La vida tradicional del campo parece transcurrir apacible y sobretodo lejos, muy lejos del mundanal ruido de las histéricas ciudades que conocemos. Los niños abundan, pero escasean los jóvenes y la gente de edad mediana. Los adultos jóvenes emigran a Osh o Bishkek en busca de mejores horizontes y varios de ellos se van mas lejos, a buscar fortuna a los pozos petroleros de Kazhakstan o a Rusia donde terminan viviendo quizás, en los mismos cinturones de pobreza que rodean a las ciudades en Occidente. Las casas son pequeñas, pero la mayoría son de construcción sólida y con techo de metal corrugado. Por cierto, cada casa exhibe una antena satelital para la TV en un lugar privilegiado de la construcción, a pesar que la electricidad es racionada y la variación de voltaje es endemoniada. El edificio mas nuevo siempre es el de la mezquita del pueblo, cuya techumbre metálica es ornamentada y brillante en claro contrastre con la opacidad de las constucciones menesterosas, tercermundistas, en que la gente milita sus existencias. Las mezquitas son las dávidas de ciertas organizaciones sauditas que tras el derrumbe del universo soviético. inyectaron dinero en la religión para intentar llenar el vacío existencial dejado por la utopía ideológica que de algún modo rigió la vida de estos campesinos por mas de un siglo. La media luna que corona las relucientes cúpulas es un recordatorio poderoso que este es un país eminentemente musulmán, aunque por gracia divina, mayoritariamente secular.
En los infrecuentes momentos de soledad gocé repasando las similitudes de la naturaleza humana contemplando los soberbios rojos del atardecer en Aral y en Kuphre Bazhaar, cobijado al calor del vodka que neutralizaba el frio de la tarde.

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