Un Jueves cualquiera

Es Jueves, pero en realidad es Miércoles, pero se siente como si fuera Viernes pero ese día no cuenta pues es la antesala del fin de semana que llega siempre de la mano de portentosas expectativas.
--Qué coño estás diciendo entonces? ...que el tiempo no es importante y al mismo tiempo infalible...
--A mí me parece que los que estás diciendo es una boludez para justificar el tiempo que le estás dedicando a escribir este post en vez de trabajar y que --aprovecho de recordarte-- casi nadie lee.
--Bueno, hace rato que dejó de importarme si La Gira Mundial tiene lectores, aunque reconozco que por largos meses, en la medida que publicaba y exponía mi intimidad como quien exhibe orgulloso a un hijo recién nacido, sentía el oprobio, el dolor de ser ignorado por los cibernautas lectores. Al menos eso se me figura este Jueves que no es tal mientras sostengo una copa en la mano en la semi penumbra.
--Pero cómo? no estás en la oficina acaso? esa en aquel edificio del DTC que mira hacia las Rockies y desde cuya ventana puedes en un buen día, incluso ver los techos del aeropuerto?
Ya me lo has dicho antes ¨a medio filo con el vino todo se torna aterciopelado y un desfile de imágenes estrafalarias me empuja a ensayar una escritura automática, desbocada al modo surrealista. Qué hacer si no silabar y disparar sobre el teclado las infinitas letanías que caen, como atrapadas por una red invisible, en el centro del lenguaje?¨
--Y estás bebiendo una copa?
--Ojalá fuera un martini seco.
Ultimamente he desarrollado una devoción por el martini seco, el cocktail clásico preparado con ginebra y aceituna verde, trago de minas recias, putas caras, maricones adinerados, alcohólicos sociales, intelectuales, pseudo intelectuales, políticos y tipos como yo...
--diletantes, inconformistas, auto marginados....
--Estuve escuchando música de King Crimson y pensaba que si no hubiera sido por Sergio Pablo, un querido, grande y desaparecido amigo, probablemente jamás habría conocido esa música que me ocurrió como por accidente en un momento clave en mi vida.
Podría decirse que esa música encajó perfectamente como una pieza de un puzzle, en la gran majamama que era mi cabeza entonces. Podría decirse que esa música, mis amigos, la marihuana, los cuentos de Borges, la voz aguardentosa de Cortázar leyendo sus cuentos, la imaginería y virtuosismo idiomático de Carpentier, la lectura de tantos otros.
También, las largas sesiones de diapositivas para descubrir de cerca las pinturas de Picasso, Braque, los impresionistas y por supuesto las interminables conversaciones sobre historia, política y las artes que inefablemente terminaban en grandes borracheras, abrieron para mí y creo que para todos, las puertas de un universo vasto, intuido pero nunca antes visualizado, al que finalmente terminamos lanzándonos con mas o menos resquemor, pero lanzándonos al fin y al cabo porque intuíamos en nuestra juventud, que la realidad del mundo era infinitamente mas compleja y matizada que aquel que la dictadura se esforzaba por imponer.
El pecado de la dictadura fue la omisión y la muerte. Nuestra virtud y salvación, la juventud y el desparpajo.
Allá en la buhardilla-dormitorio, el reino de Sergio Pablo, en Recreo se abrieron para mi las puertas de un universo vasto e interminable de posibilidades, donde todas las opciones estaban abiertas, donde comprendí o intuí que el curso de mi vida solo podría obliterado por mis propios miedos y la autocensura.
Todavía disfruto escuchando a King Crimson porque ese acto tiene para mi un significado mucho mas profundo que el arte en la música en sí. El vasto universo que evocaba entonces sigue ahí desplegándose frente a mi cada día, como cuando uno abre la ventana al amanecer y ve el mundo renacer.

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