Palma Cigars



El olor pastoso del tabaco me golpea los sentidos apenas cruzando el umbral del barber shop, la peluquería de Clay. El sitio recién inaugurado, ocupa un lugar que da a la calle Larimer, en un edificio de principios del siglo pasado, revestido de ladrillos rojos, que no puede ocultar su pasado de bodega, de esas tan características del downtown de Denver. Palma Cigars se llama la peluquería y aunque recién inaugurada, no tiene nada de nuevo.
El nombre, lejos de ser un capricho, refleja el doble oficio de Clay: peluquero, torcedor (rolador) y comerciante de cigarros-puros. Esta doble condición, debo confesar, prevaleció para nombrar a Clay mi peluquero predilecto --o debo decir que ciertas misteriosas circunstancias hicieron que Clay me hiciera su cliente?--De hecho, nuestro encuentro fue absolutamente fortuito. Recuerdo hace unos 3 años atrás, buscando unas empanadas magníficas que venden en la Pizzería Argentina de la calle 20, cerca del Coors Field --el estadio de los Rockies--me llamó la atención una plancha de torniquete que usan los torcedores para estirar las hojas y luego poder cortarlas más fácilmente, que el local inmediatamente contiguo exhibía en su vitrina. A mí me gustan los puros --un gusto que adquirí precisamente en el Hotel Nacional de La Habana unos años atrás--y la curiosidad me hizo entrar en el local para entender de qué se trataba. La primera imágen fue la de un televisor encendido al fondo de un cuarto rectangular donde aparentemente no había nadie. A un costado de la puerta había un mesón y detrás, la ventana enorme de un cuarto mas pequeño que parecía un clásico humidor, atiborrado de cajas de puros y resmas de hojas de tabaco amontonadas en el piso. Al descubrir las inconfundibles figuras de las sillas de barbero, con sus blancos pedestales, los espejos y los accesorios de peluquería, me confundí unos instantes hasta que ví la figura esmirriada de Clay saludandome de lejos y acercandose para estrecharme la mano después y preguntarme si necesitaba un corte de pelo. Accedí sin dudar y al rato estaba sentado en uno de los desvencijados sillones conversando animadamente con Clay.
Clay dirige además una organización sin fines de lucro que se dedica a enviarle cigarros a las tropas que se encuentran enfrascadas en las distintas guerras en que el gobierno republicano de este país ha decidido embarcarlo. Cigars for the Troops http://www.cttt.org/ ha resultado un éxito y le ha prodigado a Clay fama entre los militares que le envian cartas de agradecimiento y hasta fotos mostrando GIs en tenida de combate en Iraq, Afganistan --y hasta en Djibouti--fumando los puros de Clay. Son imágenes duras, que le hacen pensar a uno en la desgracia total que son las guerras.
La nueva ubicación de la peluquería está sólo a unos pasos de su antiguo lugar. El molibilario es viejísimo , consta de piezas que no tienen afinidad estilística entre sí, está mayormente destartalado y parece como si el caos lo hubiese dispuesto sobre el piso. La figura inconfundible de un indio tallada en roble, de tamaño natural y pintada con gracia, portando un puro en una mano, nos saluda como siempre en la entrada. Interrogado sobre la procedencia de aquella figura, Clay me contó que se la había regalado un amigo de la costa Este a quién él le había donado un riñón el año pasado. Clay es así, lleno de sorpresas. Una bicicleta amarilla de estilo retro, unas pocas cosas y el infaltable letrero de neón ocupan los bow windows como decoración. El piso de la peluquería-tabaquería es de madera y a pesar del maltrato y los años aún luce bello. Las altísimas paredes están a medio pintar de un fuerte color azul y verde, los altos techos están depojados de cielo, dejando a la vista los ductos de ventilación como entrañas de algún animal. La sala del humidor es ahora mucho mas grande que la anterior, pero no se nota demasiado pues la peluquería-tabaquería es ahora enorme. Los estantes diseminados aleatoriamente contienen cortadores, humidores pequeños y toda suerte de artículos relacionados con la afición de fumar pero parece que el giro del negocio amenaza con ampliarse al café y al licor. De hecho uno de los proyectos de Clay es instalar un club de puros y ron en el subterráneo de su local. Como es usual, las repetidas visitas han ido forjando entre nosotros una familiaridad a punta de conversaciones, un cierto tipo de amistad amarrada al peine y las tijeras que ha roto la tensión entre extraños y nos ha ido permitiendo descubrir nuestros mundos aparte. La peluquería de Clay es un espacio no convencional, sin pretensiones que reune a misteriosos personajes, que fuman puros, que se cortan el pelo, que ahora beben cerveza y sostienen animadas conversaciones. Clay a menudo me regala uno de sus puros, los que fumo en el patio de mi casa usualmente al atardecer. El mundo está lleno de personajes interesantes. Le he hablado de Mohammed?

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