La Primavera se hace luz
Entonces ha caído la noche. Enormes nubes luminosas estallaron contra las esquinas celestes, inutilmente disputándole instantes al reino de la oscuridad que inevitablemente sobrevendría.
La escritura esta vez flirtea peligrosamente con la idea de exponer lugares demasiado íntimos, exponer el viaje personal a plena luz, tirarlo a la mitad de una calle, arrojarlo por un balcón en una mañana soleada de Denver.
Es la noche me digo --me he bebido todo el vino-- se me sale el alma por la boca, la piel se me me eriza y no puedo contenerme. Se me encienden todas las alarmas ...serán estas viejas canciones del R&B que evocan recuerdos, algunos tan vívidos, casi corpóreos, será que estoy envejeciendo?
Sin duda todo conspira para que esta suerte de fragilidad emerja quién sabe de dónde diablos para decirme a mi mismo lo que no quiero escuchar.
Es raro todo.
Leer a Borges, Carpentier, Bolaños y Dostoievski simultáneamente, cruzar la frontera entre Austria y Eslovaquia abarcando los apenas 60 kilómetros que separan Viena de Bratislava; trotar por aeropuertos, despertar en hoteles sin reconocerse; entrar a la penumbra de St Leopold en Viena y chocar contra los turistas; estremecerse con los monumentos soviéticos de Bansca Bystrica, aquellos de mármol negro erigidos como mezquino homenaje a los miles de muertos de la segunda guerra; tomar una tasa de té chino en una ínfima tienda en Zvolen, en un rincón de un castillo del Renacimiento nunca conquistado por los Turcos.
Celebrar el cumpleaños solo emborrachándose en un bar de extranjeros en Leiden y sentirse el más extranjero de todos; hundirse en la nieve de un bosque en Detva sintiéndose rodeado de los fantasmas de soldados rumanos muertos en combate contra los nazis....Despertar en Marzo en Toronto y descubirir que el invierno es menos crudo que al año anterior; ir armado de una lupa para ver de cerca los grabados de Durero, Rembrandt y Rubens en una exposición sobrecogedora, en una iglesia en Denver. Recibir noticias del safari fotográfico de Jorge y Miguel en la Patagonia y añorar instantáneamente esos paisajes, atragantarse de nostalgia.
Ha llegado la primavera, ha llegado la luz a este paraje lejano y hermoso. Como cada año, por años, desembarca de un momento a otro, brutalmente, sin previo aviso --mas que la intuición. Estallan las flores, el aire se vuelve perfumado. Estoy suspendido en el tiempo, todo me acontece, no soy protagonista de nada.
La escritura esta vez flirtea peligrosamente con la idea de exponer lugares demasiado íntimos, exponer el viaje personal a plena luz, tirarlo a la mitad de una calle, arrojarlo por un balcón en una mañana soleada de Denver.
Es la noche me digo --me he bebido todo el vino-- se me sale el alma por la boca, la piel se me me eriza y no puedo contenerme. Se me encienden todas las alarmas ...serán estas viejas canciones del R&B que evocan recuerdos, algunos tan vívidos, casi corpóreos, será que estoy envejeciendo?
Sin duda todo conspira para que esta suerte de fragilidad emerja quién sabe de dónde diablos para decirme a mi mismo lo que no quiero escuchar.
Es raro todo.
Leer a Borges, Carpentier, Bolaños y Dostoievski simultáneamente, cruzar la frontera entre Austria y Eslovaquia abarcando los apenas 60 kilómetros que separan Viena de Bratislava; trotar por aeropuertos, despertar en hoteles sin reconocerse; entrar a la penumbra de St Leopold en Viena y chocar contra los turistas; estremecerse con los monumentos soviéticos de Bansca Bystrica, aquellos de mármol negro erigidos como mezquino homenaje a los miles de muertos de la segunda guerra; tomar una tasa de té chino en una ínfima tienda en Zvolen, en un rincón de un castillo del Renacimiento nunca conquistado por los Turcos.
Celebrar el cumpleaños solo emborrachándose en un bar de extranjeros en Leiden y sentirse el más extranjero de todos; hundirse en la nieve de un bosque en Detva sintiéndose rodeado de los fantasmas de soldados rumanos muertos en combate contra los nazis....Despertar en Marzo en Toronto y descubirir que el invierno es menos crudo que al año anterior; ir armado de una lupa para ver de cerca los grabados de Durero, Rembrandt y Rubens en una exposición sobrecogedora, en una iglesia en Denver. Recibir noticias del safari fotográfico de Jorge y Miguel en la Patagonia y añorar instantáneamente esos paisajes, atragantarse de nostalgia.
Ha llegado la primavera, ha llegado la luz a este paraje lejano y hermoso. Como cada año, por años, desembarca de un momento a otro, brutalmente, sin previo aviso --mas que la intuición. Estallan las flores, el aire se vuelve perfumado. Estoy suspendido en el tiempo, todo me acontece, no soy protagonista de nada.
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