martes, septiembre 06, 2005

Declaración de Principios

Declaración de Principios

Una copa de Chardonnay, Clos du Bois 2003, North Coast, Geyserville, California a modo de viñeta.

Me gusta el vino.

Me gusta el color del vino en las botellas al trasluz, sus formas suaves y curvilineas. Me gusta sentir su peso en las manos, intentar adivinar si la cosecha de ese año fue realmente lo que la etiqueta dice; si el mosto estuvo en guarda y si lo trataron bien, si la guarda fue de verdad, si fue en barricas de roble o de acero, si la uva fue pizcada a mano o con máquinas, si mezclaron los porcentajes indicados de cepa y cepa, si los taninos estaban equilibrados, si el año fue lluvioso o mas bien seco.

Me divierte tratar de adivinar el gusto del primer sorbo después de liberar de su encierro algún ejemplar, del segundo y del tercer sorbo también para constatar el delicado trabajo del enólogo y del oxígeno --si, cómo no?--que va despertandolo hasta hacerlo llegar a la máxima altura de su arte.

Me divierten hasta las lágrimas las descripciones que hacen del vino las etiquetas: “sabor a manzanas y ciruelas, mantequilla y suave canela….”, “..trufas y ciruelas. Chocolate y vainilla…” Verdaderas poesías que enaltecen las virtudes a veces borrrosas de jarabes poco amables e intomables. Me detengo con fruición, cuando puedo claro, en el detalle de las etiquetas, el tamaño y tipo de letra, los decorados y viñetas.

Jamás compro botellas con tapas tipo rosca o con corchos plásticos, por principio, por elegancia, por espanto.

Me gusta el vino porque está vivo, porque comienza y termina en la tierra, porque crece, alcanza su esplendor y muere como cualquier mortal, porque tiene una personalidad inconfundible, porque posee cualidades innatas y otras adquiridas durante la crianza, porque provoca uno y varios placeres a la vez.
Me gusta el vino por lo que dice El Temucano, que de vinos sabe.
Qué otros principios debo declarar si todos los demás están implícitos en el crecimiento y cuidado de la vid, el esmero de la cosecha, el arte primoroso de la maceración y guarda y claro como no, el sublime placer del descorchado y escanciamiento en copa noble... el degustar, ese secreto recogimiento y suspenso previo... la esperanza y la curiosidad... Qué mas se puede declarar díganme ustedes... La vida en una copa, qué trágica y verdadera visión.