Respuesta tardía a carta de Mario


De Denver a Beijing.
(Respuesta literaria tardía a carta de mi querido amigo Mario I. Artaza)

...Y ahí estaba esa pintura del vanguardista de entonces, Piet Mondrian, esa de fondo blanco y gruesos trazos rectilíneos de colores primarios, formando cuadrados, rectángulos, un tanto descolorida, un tanto opaca por el paso inexorable del tiempo y sin duda despojada de toda vanguardia posible en los días que corren. Pero no importaba, era el vestigio revolucionario, era el gesto, la conmoción de presenciar la historia de la pintura, allí en el tercer piso del SFMOMA. Eso era todo.

Se me ocurrió, mientras leía tu entretenidísma carta sobre la brillante y negra bicicleta china Forever –qué buen nombre y tan re chino—que te escribiría contándote de nuestras peripecias la semana pasada en San Francisco. Desde luego nada tan exótico ni tan poco familiar para nosotros como Beijing y sus vericuetos, gentes, olores y colores. Pero sí, entretenido para el ojo entrenado y relajante la cercanía del mar. Como sabes, San Francisco en primavera es una explosión de colores: desde camelias y dedales de oro a esas enredaderas que aquí glorifican y en Santiago son tratadas como plagas; desde rosas hasta pinos primorosamente podados. También, si como no?, fragancias reconocidas de allá, de Valparaíso, citado en cada esquina de este puerto por el ronco graznido de las gaviotas, el viento fresco y oloroso deambulando por callejones y escaleras; también la lluvia, que de repente se deja caer sobre la ciudad ensombreciéndola.

-Qué será de nosotros?..la pregunta horada incesante laberintos en mi cabeza, se detiene, continua autónoma sin que yo pueda detenerla: there, hidden in the back of my mind, dónde ir? Otro cambio cierto, otro país? volver a Santiago? To do what? I do not wanna go back. Not yet. Pero si acabábamos de cambiar de vida!... y ellos, los otros -siempre les outres-- han echado de nuevo nuestra suerte a volar ...it is just not fair ...
-Para, para, para! No!, no son los otros, get it? Sos vos. Entendés? No es un tango, dejáte de niñerías. El futuro es tuyo y es brillante. Brillante!. Pero......pero nada: has vivido, has decidido siempre solo. Adelante. Brillante!.

Y montados en el cable cart, la línea Powell & Market, trepamos desde Fisherman’s Wharf hasta el corazón de Chinatown.
-One dollar, one dollar...y nos dejamos llevar por el gentío oriental, apretujados, sudorosos, medio desconcertados, con recuerdos instantáneos de las muchedumbres en Sudamérica. El sol radiante de la tarde joven nos abraza desde un cielo celeste, abrazamos maravillados con la mirada los escaparates del comercio oriental con sus frutas y especias exóticas...one dollar...el pescado que mantienen vivo en las piscinitas, las ranas enormes que apretujadas en estrechos recipientes plásticos, nos miran con ojos acuosos como sabiendo que terminarán servidas en azafates para algún gourmet chino; las frutas, voluptuosas, olorosas, coloridas...

Nos colamos ya tarde en un pequeño restaurant en Powell St. y comimos dim sums one dollar, nos chupamos los dedos....la felicidad era instantánea sabes?...one dollar.
La primavera tiene sus cosas en San Francisco.

Nuevo paradero. (How many miles must we march? Ben Harper)

En Bagua, departamento de Amazonas, al NE del Perú hay unos 40 grados al medio día. Estoy a la espera del helicóptero –un pequeño Bell 206B-- que nos sirve de taxi desde la base al área del proyecto. Nos han informado por radio que el equipo de geólogos viene de vuelta después de atacar unas muestras en medio de la selva Amazónica.
El calor y la humedad son absolutamente agobiantes. Unas libélulas verdes tornasoladas, se posan en el cable del teléfono satelital como listas para copular. Una brisa mezquina apenas me roza la cara sin detenerse.

Alberto, me relevará de mi posición en la base desde donde saldré con destino a Chiclayo, en Cajamarca, Llegaré tras unas 6 infames horas de viaje en camioneta. pero al menos dormiré en una cama de hotel con sábanas limpias, con aire acondicionado y comeré algo decente y distinto a la yuca sancochada, las sopas de fideos y salmón en lata que han sido mi dieta estos días, y por cierto también beberé un buena copa de vino o más.

En Los Naranjos, la comunidad nativa donde he vivido los últimos 10 días, las proteínas escasean, la gente padece de hambre y en los niños el raquitismo es obvio. Es una de las tantas comunidades olvidadas del Perú donde reina la desesperanza y la desconfianza al mestizo, al Estado, al Congreso y a todo aquello que huela a poder institucionalizado: la Iglesia, las ONGs, a estas alturas todos parecen ser, con algunos distingos, sinónimos de tragedia, de engaño, de abuso. Los tradicionales instituciones del Estado-nación occidental, el Gobierno, la Policía, el Ejército y la SUNAT –el Servicio de Impuestos Internos del Perú—, aquí simplemente destacan por su ausencia. A nadie parece interesarle este puñado de votos pobres.

En Los Naranjos tampoco los quieren, pues aunque en estos lares remotísimos del planeta se ignoren los convencionalismos y las estructuras del poder, se les ha aprendido a temer a costa de muertos, abusos de poder, de mentiras y de todo lo peor que el poder engendra.

La Flor de la Frontera

Una tarde ardiente del 2001, antes que empezara el invierno amazónico, la selva fue testigo de una masacre. Las mismas gentes que nos han acogido amablemente, con quienes hemos comido, conversado y reido, masacraron a un grupo de colonos a punta de machetazos y balazos. El número preciso de muertos se ignora y como suele suceder en estos confines remotos, los detalles son devorados por la selva.

Se trataba de colonos mestizos que habían ocupado tierras de nativos en un mal concebido plan gubernamental para poblar la “frontera viva con Ecuador”. Entregaron las tierras sin considerar los derechos de lo nativos que por generaciones la habían ocupado y en una escalada de negligencias, de sospechas y corrupción se llegó a la matanza de los ocupantes del tristemente llamado villorrio de la “Flor de la Frontera”.

Me contaron una noche bajo un espectacular cielo estrellado que la situación se había tornado insostenible entre los nativos y los colonos, al punto que toda clase de rumores iban y venían entre las partes, amenazas de muerte que cada vez sonaban mas reales. Entonces, los Awuajún –tal es el nombre de esta etnia, jíbaros, el pueblo nativo amazónico mas grande del Perú— decidieron aplicar la ley de su costumbre.

Caminaron por 3 días, cruzaron la frontera hacia Ecuador sin ser sorprendidos, como quien conoce de memoria su casa, se reunieron con sus parientes de los que fueron separados el delimitarse los terriotrios nacionales, conversaron, comieron y tomaron masato –una bebida ligeramente espesa y amarillenta fermentada de la yuca y otros frutos de la selva. Sus parientes les consiguiron armas, abundantes todavía a pesar de que la Guerra de la Cordillera del Cóndor, se había acabado hace rato. Los parientes quisieron venirse a ayudar, pero les dijeron que mejor no y por otros tres días caminaron de vuelta por el monte con aciagos pensamientos de guerra.

Al regresar, un hecho que nunca me revelaron desató el desastre. Los colonos estaban armados y no querían conversar me dijeron. Las cosas habían empeorado, muchos nativos temiendo por sus vidas se habían ido o llevado a sus familias a lugares mas seguros. Pero los mas se quedaron a pelear por la tierra y bueno, lo anunciado ocurrió: los Awuajún se dejaron caer a sangre y fuego sobre la Flor de la Frontera, a machetazos, con lanzas, con escopetas ultimaron al menos 20 aunque los números se pierden como se pierde todo, tragado por la selva.

Según me contaron, incontables e infructusos fueron los esfuerzos que ellos los Awuajún hicieron ante ese Estado que decía representarlos e impartir justicia y hasta les dijeron, muy sueltos de cuerpo y con la mala intención de quien quiere ver de qué son capaces los indios...”bueno pues que se aplique la costumbre....” y la costumbre fue pues no más y ahí el resultado, los veinte cadáveres despedazados bajo el sol ardiente de la selva.

El Estado pues, poniendo el grito en el cielo les cayó encima, pues para eso somos peruanos conchetumadre y este es mi país indio de mierda!. Y entonces la persecución implacable, los ciento y tantos PNP que apuntaron a dedo a los presuntos autores. Pero ciertamente los Awuajún que no son idiotas, se refugiaron en el monte impenetrable y ahí esperaron hasta que las fuerzas del Estado se aburrieran, la prensa se fuera ligera hacia el próximo escándalo y bueno, el público perdiera de refilón el interés en la masacre.

Punto final.

En Denver, nos azota –o debo decir azora-- el verano pero no hay pa qué quejarse, el cielo es celeste y las montañas a lo lejos adquieren al atardecer un matiz violáceo. No sé cuánto mas dure esta estadía en las Rocky pero lo que que sea ha estado bien. En un par de semanas los niños estarán de vuelta en casa tras unas largas vacaciones en Chile y lentamente la vida volverá a la normalidad, palabra bastante ridícula e inapropiada, pero deseable según el prisma con que se la mire.

Aún así cunde la incertidumbre sobre nuestros destinos, pero I´ll deal with it , el futuro es brillante y en eso concentraremos las energías.

Espero que tu afán por la Forever persista y que Beijing te siga develando sus secretos. Un abrazo afectuoso,

Omar

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